Pasadas las cinco de la tarde, del lunes 18 de octubre de 2010 me encontré con Laura en la estación San Antonio del metro, para vivir, según ella, “una experiencia sin precedentes”. Por primera vez en mis 21 años de vida me iba a meter en un Festival Altavoz; el único requisito según Laura era no verme muy rara ni fuera de contexto, me pidió que no me vistiera de colores pasteles y que me pusiera un buen par de tenis.
Después de un recorrido de 4 estaciones por la línea A del metro, el conductor del tren nos anunciaba por los altavoces “Próxima estación Universidad, estación con fácil acceso a la Universidad de Antioquia y al Parque Explora”, lo que despertó la ansiedad que se había apaciguado durante el trayecto hasta nuestro destino y por un momento, todas las preguntas capciosas que no le quise hacer a “Lau” sobre este evento llegaron a mi mente y una sonrisa inocente se dibujó en mi rostro.
La entrada
Mientras bajábamos las escaleras de la estación hacia la cancha Cincuentenario, Laura me contaba que este evento era uno de los que más gente atraía, “es una reunión de bandas locales, nacionales e internacionales de varios géneros como rock, punk, ska, reggae y metal” comentó.
Vimos la fila que rodeaba la cancha, y solo escuche el grito: “¡¡Parce mira la fila, nos cogió el día, prepárese para estar parada unas dos horas!!”; pero parada no era en el literal de la expresión, a los cuarenta minutos ya estábamos sentadas esperando a que la fila avanzara.
En medio de la multitud, expresándose por señas y gritos, un individuo con amplias perforaciones en las orejas, los brazos tatuados hasta las muñecas y su altura aproximadamente un metro y 97 centímetros, me llamó la atención y aún más cuando se acercó y saludo a mi amiga efusivamente; “El rolo”, como se presentó, fue quien nos ahorró más o menos 70 pasos, el equivalente a 60 minutos más de fila. Ante mi cara de asombro por este personaje tan peculiar, el comentario de Laura era inevitable “Kathe relájese que aquí se ve de todo”, y dicho y hecho eso intenté hacer durante el resto de la noche.
La espera se hacía más corta, el tiempo pasaba y todos decían “Robi se va a lucir”.
Esperando a Draco Rosa
Ya en el interior, en medio de críticas y halagos a las bandas que se presentaban como teloneras, tomando vino de cuatro mil pesos, riéndonos de los chistes poco hilarantes de los amigos de Lau, se nos pasó el tiempo volando y cuando mire el reloj ya marcaba las nueve de la noche. Los ánimos empezaron a subir, mientras los animadores nos recordaban que “el gran” Robi Draco Rosa estaría en escena en pocos minutos.
Cuando salió, inmediatamente tomo el micrófono y sin más preámbulos empezó a cantar; la gente gritaba, saltaba y capturaba ese momento de euforia con sus cámaras; yo sencillamente los imitaba y aunque estaba contenta me sorprendí, conocía la canción. Entre las notas de “Más y más, si más te quiero, quiéreme, tú mucho más; más y más, dentro de mí, estarás tú más y más”, una de sus mejores canciones, salieron a relucir los efectos de la emoción, se me puso la piel de gallina y canté durante una hora y media hasta salir del Cincuentenario, literalmente sin voz.